julio 22, 2016

Para todos aquellos que crecimos en los años 80, las cintas de vídeo formarán parte de nuestra vida. Fueron la última tecnología y nos podían elegir qué contenido ver cuando el concepto de contenido tenía un significado muy distinto al que tiene en el siglo XXI. Los reproductores de vídeo  eran objetos de lujo. Costaban casi tanto como un televidor. Con el anuncio de que Funai ya no fabricará VHS desaparece toda posibilidad de adquirir nuevos reporductores de vídeo. Nace otro objeto de culto para el mercado vintage. Funai ha sido uno de nuestros clientes, directamente desde su fábrica en Japón y su sede comercial de Hamburg. Por ello queremos dedicar este pequeño homenaje.

Durante años, Sony y Matsushita (la matriz de JVC y Panasonic) libraron una batalla tecnológica por la supremacía de sus formatos. Hoy en día, en la época de la conectividad, los conectores, los plug-ins y la transmisión de datos en cualquier formato, nos puede parecer inconcebible. Incluso las plataformas Apple y Microsoft se acercan y todas las aplicaciones se ofrecen desde la nube. Aquella fue una de las primeras guerras entre una tecnología que se sabía superior y otra más asequible.

¿Pero por qué había dos formatos de vídeo incompatibles?

Sony había desarrollado la tecnología a lo largo de los años 70. La apuesta estratégica de Sony por el mundo audiovisual viene de largo. Incluso hoy en día casi todas las cámaras profesionales de televisión, mezcladoras y equipo profesional de TV lleva esa marca. Y lo sabemos bien en Pangeanic pues hemos servido a Sony desde más de dos décadas.

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En 1974, unos ingenieros de JVC se hicieron con un prototipo de Betamax en un caso de espionaje que ha permeado en la cultura del espionaje industrial japonés durante años. Rápidamente se percataron de que se trataaba de una máquina maravillosa. Pero tenía un inconveniente: sólo grababa 60 minutos de vídeo. Si uno intentaba sobrepasar la hora de grabación, la calidad se resentiría perceptiblemente. Y VHS, su formato, ya ofrecía 2 horas. Con Betamax uno no podía grabar un película, ni un partido de fútbol. Era muy justito.

El precio

Y la calidad no justificaba que un Betamax costase hasta tres veces más. El VHS ganaba, de entrada en precio y una prestación clave (la duración, es decir, más hora de consumo de material audiovisual grabado). Sony estaba completamente convencida de que al ofrecer mayor calidad con su formato, el mercado sería suyo… Pero, desgraciadamente, el mundo está lleno de exitosos establecimientos de comida rápida donde se consumen grasas y calorías en exceso. El consumidor sabe que el consumo de este titpo de comida y un estilo de vida sedentario es perjudical a largo plazo. Manda el bolsillo y la conveniencia.

El Betamax de Sony era indudablemente mejor a nivel technológico. El sonido, la imagen eran superiores a los del VHS, pero éste era muchísimo más barato. Y los consumidores se decantaron por este último (recordemos que los televisores de la época también eran bastante mediocres, y funcionaban en modo analógico con 365 líneas).

El año pasado Funai seguía vendiendo la nada desdeñable cantidad de 750,000 unidades de reproductores de vídeo VHS, pero un mercado decreciente y la indisponibilidad de las piezas de montaje por parte de los fabricantes le han llevado a dar carpetazo a esta producción.

 

Cinta cassette VHS

cinta VHS casera

 

Y ¿aquellos rumores sobre que el porno mató a Betamax?

Tienen parte de cierto. En el alba de la era audiovisual y la grabación de programas y el consumo de películas en casa (todo tipo de películas), suponía haber alcanzado cierto status social.

En un acto tal vez demasiado puritánico, Sony rechazó por completo que terceras partes utilizasen su formato, que ellos querían asociar con la calidad, para la distribución de porno. Sony se pegó un buen tiro en un pie con el porno. Sony no quiso reproducir porno en su formato en EE.UU y ahí comenzó el descalabro. Al rechazar de plano que las productoras y distribuidoras trabajasen con su formato, decidió sacrificar una parte activa del mercado. Como hemos comprobado a lo largo de la historia, la industria del porno ha estado a la vanguardia en la adopción de las nuevas tecnologías. Esto tal vez sea una larga historia: que algo esté prohibido o se ignore no significa que no exista.

En aquellos días el porno era mucho más visible que hoy en día. Cuando llegó el superauge del porno en videoclubs,  Betamax ya estaba herido de muerte. En 1981 VHS ya tenía un 75% de cuota de mercado en Estados Unidos. En Europa venció con fuerza al único rival que se resistía: el Vídeo 2000 desarrollado por Philips y Grundig, con ciertas funcionalidades superiores al VHS, pero que corrieron la misma suerte que los aparatos de Sony cuando JVC entró en el mercado. El porno, simplemente, aprovechó sin problemas la plataforma que prefería el público en general.

Legalidades

Las prisas de Sony por lanzar Betamax y llegar antes al mercado le costaron un juicio del que aprendió mucho. En 1978, el poder de las televisiones era considerable y las productoras de cine no le perdonaron a Sony que pusiera en manos del consumidor la capacidad de grabar lo que se emitía por antena sin tener que pagar por ello. El sonoro caso entre Universal y Sony, se convirtió en un referente mundial y posiblemente tuvo mucho que ver con la compra de ciertos estudios por parte de Sony años más tarde, posiblemente para controlar el canal de distribución también.

Después de la batalla…

La testadurez de Sony fue doble: la primera, como hemos explicado antes, con el porno. La segunda en perseverar con un tiempo de 60 minutos. Cuando finalmente se decideron a lanzar un Betamax de dos horas, lo hicieron ofreciendo un nuevo formato y las cintas no eran compatibles con los viejos reproductores. ¿Tal vez les suena esto al desencanto de la comunidad mac de toda la vida cuando Steve jobs lanzó el MAC OS X? Sucedió algo muy similar. Para entonces el VHS ya lanzaba vídeos de tres y hasta cuatro horas de duración para grabaciones caseras (2 películas). Y aunque la calidad se pudiera resentir, vencía de nuevo la comodidad.

JVC reinó durante unas décadas como la joya de la corona en productos de consumo dentro del holding Matsushita, que también incluía a Sanyo y con Sony había tenído buenas relaciones en los albores del formato Betamax. De hecho el reproductor de vídeo más vendido en Gran Bretaña en 1983 fue un Sanyo, el VTC5000. Dentro del grupo Matsushita se encontraban JVC, Sanyo y Panasonic.  Cada empresa ha corrido distinta suerte con distintas estrategias. Sony se alió con Philips y se alejó de toda la industria japonesa con su formato de DVD, enfrentándose en esa ocasión a Toshiba. Pero esta vez la sangre no llegó al río y todos los fabricantes acordaron crear un estándar mundial. La apuesta por la electrónica de consumo afectó las cuentas de resultados de todas las empresas debido inicialmente a la competencia china, coreana a continuación y las nuevas tecnologías digitales. La transición no fue fácil. JVC es una marca periférica y todas se han reunido bajo el paraguas de Panasonic. Sony decidió que controlar los canales de distribución, sobre todo en EE.UU. y el sector profesional debían ser su apuesta.

Si Betamax murió como formato en 1988, momento en el que Sony comenzó a fabricar vídeos VHS, podemos decir que el VHS ha muerto en 2016, cuando el último gran fabricante, Funai, ha decido que no hay hueco en el mercado para esas máquinas

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