Las lenguas de origen escandinavo (noruego, sueco y danés, puesto que el finlandés proviene de otra rama idiomática distinta) comparten una génesis común, un tronco filológico desde el que enlazan con otros primos hermanos, los anglófonos. El idioma del que partieron esas tres lenguas y el inglés es el mismo: las lenguas germánicas, que se expandieron fuertemente hacia el norte tras la caída del Imperio Romano, y penetraron en las regiones escandinavas, las islas Británicas y también en zonas de Francia como Normandía conforme los pueblos germanos destruyeron las antiguas fronteras romanas y se asentaron por toda Europa.

Mostrando Escenario de casas coloridas al lado del puerto de Nyhavn, Copehnagen, Dinamarca.jpg

Además, desde la última década del siglo XVIII hasta bien entrado ya el siglo XI, la zona sur de las actuales Noruega y Suecia y el norte de Dinamarca vieron crecer a un pueblo, el vikingo, que realizó profundas incursiones por todo el norte y centro de Europa. En la mayoría de ocasiones eran breves razias para obtener esclavos, materias primas y productos elaborados, aprovechando el caos y desgobierno generado por la caída del Imperio Romano y la falta de estados sólidos y fuertes, arrasando con aldeas y ciudades cercanas a las costas y ríos.

Pero lo que quizá no se te haya ocurrido pensar es que, con sus invasiones, los vikingos se llevaron muchas cosas pero también dejaron algunas otras, entre ellas su lengua. Actualmente, más de 1500 palabras del idioma sueco se utilizan igualmente para el inglés, aunque en muchas ocasiones con traducciones del sueco distintas. Es lo que ocurre con el vocablo glass, cuya coincidencia es muy curiosa. Como quizá sepas, en inglés dicho término significa «vaso», elemento (de cristal) que sirve para ser rellenado con bebidas aptas para su consumo. En sueco, de hecho, glass significa «vidrio», acepción que fue adoptada por los ingleses conforme reyezuelos de origen nórdico optaban (y a veces conseguían) acceder al trono de algún feudo inglés, y con él diseminaba y expandía los idiomas escandinavos.

Hay más coincidencias de este tipo que aseguran la gran influencia de las lenguas nórdicas (que luego evolucionaron en los actuales sueco, danés y noruego) en la lengua inglesa. Pero antes de seguir abordándolas, cabe hacer un inciso. Como comprenderás, las lenguas nórdicas no surgen de la nada, sino que devienen del tronco común germánico que a su vez, como el latín (generador de casi todos los idiomas del centro-sur de Europa) y como casi todas las lenguas del mundo (excepto el árabe y el chino, principalmente) proviene de las lenguas indoeuropeas, que fueron las primeras formas de comunicación regladas con que se dotó el ser humano.

Este tronco germánico ha influido, a su vez, en otras lenguas europeas como el neerlandés (hablado en la mitad norte de Bélgica), pero donde de verdad se asentó y profundizó hasta generar otros idiomas fue en Escandinavia. La historia de la plantación de la semilla vikinga en la actual Gran Bretaña se completa con la emigración/incursiones bélicas de pueblos de la Germania occidental, a través de Normandía, en las islas, lo que generó que desde dos direcciones el tronco común germano penetrase allí.

Así, hay palabras que tanto en el idioma alemán como en sueco e inglés son similares (volvemos al glass británico, que es de hecho también glas en alemán, aunque en esta ocasión además de significar vidrio y vaso, tiene una tercera acepción relacionada con la Luna y una cuarta con prismáticos).

Un último análisis filológico para entender los lazos y divergencias entre todas estas lenguas centro-norteñas de Europa nos lleva al finés. Increíble su historia, puesto que pese a compartir frontera con todas las lenguas germanas y nórdicas, la lengua hablada por los habitantes de Finlandia tiene, en realidad, una raíz finoúgrica. Es decir, que proviene de los antiguos pueblos húngaros, nómadas hasta el segundo milenio después de Cristo, que llegaron en algunas emigraciones hasta los países bálticos y de allí a Finlandia, cristalizando muchos de sus vocablos en las actuales lenguas islandesa y finesa, y en el sámi, idioma de los indígenas del norte de Finlandia.

La importancia de un traductor bien formado

Cualquiera sin demasiada formación lingüística, y a pesar de tener un buen nivel cultural e intelectual, podría cometer el error de relacionar al finés con el sueco, o desconocer que un ruso tiene más vocablos en común con un alemán (puesto que ambas lenguas provienen del indoeuropeo) que con un mongol, a pesar de los rasgos genéticos, históricos, culturales y a veces políticos que han unido en ocasiones a ambos pueblos.

De ahí la importancia de disponer de traductores bien formados y profesionales, en especial en sectores económicos como la medicina, la abogacía o el periodismo, con elementos y palabras muy técnicas y de jergas cerradas, y con gran responsabilidad social. En medicina, el dominio correcto de la lengua puede salvar vidas, y la falta de traducciones de calidad pueden costarlas.

Contratar servicios profesionales lingüísticos con capacidad de traducción de múltiples idiomas y conocimientos de las raíces comunes de muchos de ellos es realizar una apuesta segura.



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