Según recientes noticias de prensa, parece que más de 400 millones de chinos no saben hablar mandarín, el idioma nacional.

Un proceso de globalización rápido, ineludible significa que los países no solo invierten tiempo y recursos en su expansión económica, sino que todos los gobiernos, intencionadamente o no parecen ampliar el ámbito de sus idiomas principales y reducen el espacio de supervivencia espacio para las lenguas minoritarias y/o usos dialectales … y China no es ninguna excepción.

Un proceso de globalización rápido, ineludible significa que los países no solo invierten tiempo y recursos en su expansión económica, sino que todos los gobiernos, intencionadamente o no parecen ampliar el ámbito de sus idiomas principales y reducen el espacio de supervivencia espacio para las lenguas minoritarias y/o usos dialectales … y China no es ninguna excepción.

Francia ha sido históricamente un ejemplo de un “idioma estatal” (el francés solamente lo hablaba alrededor del 40% de población francesa en el momento de la Revolución Francesa) empleado como herramienta de “integración”. Las demás lenguas habladas por grandes sectores de la sociedad como el bretón, occitano, catalán y el vasco, por ejemplo, fueron relegadas a favor de la lengua nacional (el francés, como lo conocemos, que se hablaba en la Francia Central y Septentrional). El idioma y la identidad nacional se han confundido a menudo en la historia.

El Mandarín es el único y principal idioma que se fomenta en China dentro de su proyecto de ingeniería del idioma en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, los medios de comunicación estatales han informado que muchos chinos no dominan suficientemente el mandarín y el gobierno chino se está presionando por una mayour uniformidad lingüística nacional.

La promoción del mandarín ha figurado alta en la agenda del gobierno chino durante décadas. Como sucedió con el francés, el mandarín es una herramienta para unir a una nación que es lingüística y étnicamente diversa, con miles de dialectos mutuamente ininteligibles y numerosas lenguas minoritarias. Cualquiera que haya visitado China habrá observado que la moneda local lleva varios alfabetos, incluidos formas de túrquico de regiones occidentales donde se hablan el kazajo, el uygur y el kirguistano. El coreano y mongol se hablan cerca de esos países. Todas estas lenguas, además del ruso, tayiko, el tártaro, tuvan, uzbeko y el vietnamita se consideran lenguas minoritarias.

La mayor división para los chinos, sin embargo, se encuentra entre el mandarín y el cantonés, el dialecto del sur. El afán por la “unidad” se ha visto dificultado por el tamaño del país y la falta de inversión en la educación, particularmente en zonas rurales desfavorecidas. A pesar de los esfuerzos, muchos funcionarios han admitido que probablemente no podrán que todo el país sea capaz de hablar mandarín, formalmente conocido como Putonghua (es decir, “lengua común”), sugiriendo todo el mundo debería poder hablarlo.
La promoción del mandarín ha figurado alta en la agenda del gobierno chino durante décadas. Como sucedió con el francés, el mandarín es una herramienta para unir a una nación que es lingüística y étnicamente diversa, con miles de dialectos mutuamente ininteligibles y numerosas lenguas minoritarias. Cualquiera que haya visitado China habrá observado que la moneda local lleva varios alfabetos, incluidos formas de túrquico de regiones occidentales donde se hablan el kazajo, el uygur y el kirguistano. El coreano y mongol se hablan cerca de esos países. Todas estas lenguas, además del ruso, tayiko, el tártaro, tuvan, uzbeko y el vietnamita se consideran lenguas minoritarias.

La mayor división para los chinos, sin embargo, se encuentra entre el mandarín y el cantonés, el dialecto del sur. El afán por la “unidad” se ha visto dificultado por el tamaño del país y la falta de inversión en la educación, particularmente en zonas rurales desfavorecidas. A pesar de los esfuerzos, muchos funcionarios han admitido que probablemente no podrán que todo el país sea capaz de hablar mandarín, formalmente conocido como Putonghua (es decir, “lengua común”), sugiriendo todo el mundo debería poder hablarlo.

Las distancias, las barreras naturales y administrativas y evolución política de las regiones han creado dialectos en prácticamente todos los países, aunque cada país puede tener su propia identidad y lengua nacional. El mapa lingüístico de China puede parecerse más a España, donde varias lenguas regionales han sobrevivido a la presión de un idioma de peso internacional y han florecido en las postrimerías del siglo XX. La portavoz del Ministerio de Educación chino Xu Mei ha dicho que solo del 70% del país podía hablar mandarín, muchos de ellos mal, y el restante 30 por ciento o 400 millones de personas no lo podía hablar en absoluto, según informó la agencia de noticias Xinhua.

La escritura china es el sistema de escritura más antiguo todavía en uso, y es el mismo para todos, sin que importe el acento, pronunciación. Los caracteres chinos no son las letras. Como “pictogramas”, tienen significado propio. Los dialectos chinos pronuncian los caracteres de manera distinta a como lo hace el mandarín estándar, a veces de modo verdaderamente distinto.

Las nuevas tecnologías (telefonía móvil) están popularizando el romanji (el uso del alfabeto latino, basado en letras). Se dice que los estudiantes jóvenes usan letras occidentales cada vez más a menudo, al encontrar más fácil deletrear un alfabeto basado en letras que el chino. Los estudiantes pasan varios años en la escuela aprendiendo a leer y escribir correctamente, mientras que los niños que aprenden a leer y escribir idiomas con alfabetos basados en letras promedian un año para los conceptos básicos, independientemente de su lengua materna.

En vísperas de una campaña anual para fomentar el mandarín que tiene lugar cada año desde 1998, Xu manifestó que “el país todavía tiene que invertir en la promoción del mandarín”. “Este año, el Ministerio se centrará en las zonas rurales remoto y regiones habitadas por minorías étnicas”. El fomento del mandarín ha sido durante mucho tiempo un asunto polémico en China, y en algunos casos ha originado violentos disturbios. Los tibetanos han protestado en contra de tener que utilizar el mandarín en las escuelas. Varios cientos de personas salieron a la calle en la ciudad sureña de Guangzhou en 2010 por temor a que las autoridades estuviesen intentando marginalizar el dialecto del sur, el cantonés.

Este artículo fue guardado en y etiqueado bajo .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *